El SaaS no está muerto (pero tampoco igual que antes)
Lo que estamos viendo en operaciones reales, más allá de titulares y narrativas de mercado.
Sorry. Este artículo es algo más largo de lo normal. Prometo que no era el plan inicial, pero el tema da para bastante más de lo que parecía.
En las últimas semanas me preguntan continuamente si desde Bondo Advisors estamos viendo presión sobre las valoraciones de las compañías de software y SaaS. Inevitablemente, acabamos discutiendo si la IA hará irrelevante el software.
Estas conversaciones vienen en gran parte impulsadas por el reciente desplome de las valoraciones de empresas SaaS cotizadas en el Nasdaq, una caída ya visible a finales del año pasado y que se ha acentuado tras los avances en agentes de IA anunciados a principios de este año. Un fenómeno que algunos han bautizado (con bastante mala leche) como SaaS-pocalypse.
Empiezo además a escuchar cada vez con más frecuencia la idea de que el SaaS no ha sido más que una fase transitoria.
Según esta tesis, el SaaS nació con internet como una evolución natural del software on-premise y del software instalado en ordenadores, permitiendo un modelo más escalable basado en la nube. Desde esta perspectiva, habría sido solo un paréntesis tecnológico antes de la verdadera era de la IA.
En ese escenario, el software como lo conocemos desaparecería progresivamente. Los usuarios dejarían de utilizar aplicaciones específicas porque los agentes de IA interactuarían directamente entre sí, construirían soluciones sobre la marcha y programarían automáticamente aquello que cada empresa necesitase en cada momento.
Dependiendo de quién lo explique, el resultado final oscila entre una visión completamente distópica, en la que todos dejamos de ser necesarios, y otra profundamente utópica, donde las máquinas trabajan por nosotros mientras nosotros vivimos felices sin volver a abrir un Excel ni pegar palo al aire. 😉
Actividad y realidad del mercado M&A en SaaS
En Bondo Advisors llevamos tiempo viendo mucha actividad en compañías SaaS. Es lógico, porque nosotros asesoramos principalmente empresas de tecnología y, dentro del mundo tech, el SaaS sigue siendo uno de los segmentos más calientes.
Actualmente estamos asesorando dos operaciones que ya están en negociación del SPA, con algo de suerte a pocas semanas del cierre, y otros cuatro procesos de venta de compañías SaaS en distintas fases, un claro reflejo del nivel de interés que sigue existiendo por este tipo de negocios.
Basta pensar que solo en España se cerraron más de 77 transacciones de compañías SaaS en 2025, como recogemos en nuestro Informe M&A SaaS 2025, disponible para descarga aquí.
Todo esto hace que recibamos constantemente preguntas de fundadores, inversores y compradores sobre hacia dónde va realmente el mercado SaaS, cómo están evolucionando las valoraciones y qué están buscando hoy los compradores.
Inevitablemente uno acaba formándose una opinión. Puede ser más o menos acertada, pero es una opinión basada en lo que vemos cada día.
Por qué el SaaS ha sido tan atractivo para inversores
El interés de inversores y compradores por este tipo de compañías se explica en gran medida por cómo funciona el modelo SaaS.
Se trata de negocios donde los clientes pagan cuotas mensuales o anuales por herramientas que utilizan en su día a día. Estos ingresos recurrentes suelen incorporar ajustes periódicos de precio y, además, crecen junto con el propio cliente. Nuevos módulos, más usuarios o mayor volumen de uso generan expansión dentro de la base instalada.
Cuando una compañía tiene históricos estables de churn, crecimiento dentro de clientes existentes y captación de nuevos clientes, resulta relativamente fácil hacerse una idea de cómo puede evolucionar el negocio en el futuro. Esa visibilidad es una de las razones por las que este tipo de compañías resulta tan atractivo para compradores financieros y estratégicos.
Otro factor importante es el nivel de integración del software en el día a día del cliente. En muchos SaaS B2B la solución está conectada con procesos clave y con otras herramientas internas de la empresa. Cambiar de proveedor implica ajustes operativos, formación y cierto riesgo, algo que pocas compañías asumen sin un motivo claro. Por eso, los clientes suelen permanecer durante largos periodos de tiempo.
Desde el punto de vista financiero, muchos modelos SaaS combinan necesidades de CapEx reducidas con márgenes brutos altos. A medida que el negocio escala, practicamente todo el EBITDA se transforma en caja.
En la práctica, muchas compañías SaaS combinan estabilidad, crecimiento, visibilidad y generación recurrente de ingresos. Son, en esencia, auténticas máquinas de cash flow.
¿Puede haber algo mejor?
Por qué el mercado empieza a cuestionarlo
Las compañías SaaS suelen comprase a múltiplos superiores a los de empresas en muchos otros sectores. La razón tiene mucho que ver con cómo funciona el propio modelo.
Compradores e inversores están dispuestos a pagar más por negocios que combinan crecimiento, buena generación de caja y, sobre todo, una alta visibilidad sobre la continuidad futura de esos ingresos.
La reciente caída de las valoraciones de compañías SaaS cotizadas en el Nasdaq refleja precisamente una revisión de esa percepción. El mercado empieza a cuestionar hasta qué punto esos flujos de caja mantienen el mismo nivel de seguridad a futuro. Existe además la expectativa de que este ajuste termine trasladándose progresivamente a las valoraciones privadas y, en consecuencia, a procesos de M&A y exits.
Argumentos que explican la revisión actual
El argumento que empieza a escucharse con más frecuencia es que la inteligencia artificial puede cambiar algunas de las bases sobre las que se construye el modelo SaaS. Entre las razones que suelen mencionarse destacan las siguientes:
1. Construir software es más barato y rápido
Los asistentes de programación permiten desarrollar productos complejos con equipos mucho más pequeños. Lanzar nuevas soluciones o replicar funcionalidades existentes requiere menos tiempo y menos inversión, lo que reduce las barreras de entrada y facilita la aparición de nuevos competidores, y más competencia implica presión en precios.
2. Menos usuarios y presión sobre el modelo por licencia
Los agentes de IA empiezan a realizar tareas que antes hacían personas, por lo que algunos procesos necesitan menos usuarios dentro de las empresas. En modelos SaaS donde el precio depende del número de usuarios o licencias activas, esta evolución introduce presión directa sobre los ingresos.
3. La teoría de que el software tradicional deja de ser necesario
Empieza a extenderse la idea de que muchas funciones actuales del software podrían realizarse sin aplicaciones estructuradas como las conocemos hoy.
4. Más desarrollo interno por parte de los clientes
Algunas empresas empiezan a construir soluciones propias apoyándose en IA.
5. La visión más extrema
Existe la idea de que el software tradicional podría terminar siendo sustituido por agentes que interactúan directamente entre sí y construyen soluciones dinámicamente según las necesidades de cada empresa.
Cómo interpreto estos cambios
Hasta aquí, los argumentos que explican por qué parte del mercado considera que las valoraciones del SaaS podrían ajustarse.
Resulta francamente difícil no coincidir en que la inteligencia artificial está cambiando, y seguirá cambiando, de forma significativa la industria del software.
La cuestión no es tanto si el modelo SaaS evolucionará hacia algo distinto, sino quién será capaz de liderar esa evolución. La corrección de valoraciones parece reflejar la idea de que existe una probabilidad relevante de que los actuales incumbentes no sean quienes recojan esta nueva etapa, sino que nuevos actores ocupen su lugar.
Desde mi punto de vista, las compañías que ya operan en el sector parten con ventajas importantes frente a nuevos entrantes. Eso sí, esas ventajas solo tienen valor si se aprovechan activamente. Esta es, al menos, mi forma de ver cada uno de los puntos anteriores.
1. Construir software es más barato y rápido
No hay duda de que los asistentes de programación permiten desarrollar productos complejos con equipos mucho más pequeños. Ahora bien, esta realidad también beneficia a las compañías que ya están en el mercado, que pueden desarrollar y mejorar sus productos más rápido y parten además con una ventaja clara en clientes, datos y conocimiento del sector.
2. Menos usuarios y presión sobre el modelo por licencia
Estoy de acuerdo en que hay una buena posibilidad de que en el futuro haya menos usuarios usando cada solución, pero esto no va a ocurrir de un día para otro y dará tiempo a las empresas a evolucionar sus modelos de pricing. Muchas compañías ya están migrando hacia esquemas basados en volumen de transacciones o valor generado. Un cambio en la forma de facturar no implica necesariamente menores ingresos. ¿Quién dice que no podría incluso permitir niveles superiores?
3. La teoría de que el software tradicional deja de ser necesario
Me cuesta ver que las empresas permitan que los usuarios interactúen directamente con los datos mediante lenguaje natural sin aplicaciones estructuradas. No porque no sea posible, sino por los riesgos que supone. Las empresas necesitan control, procesos definidos y trazabilidad. Veo más bien una evolución en la que el software actúe como el entorno operativo dentro del cual trabajan los agentes.
4. Más desarrollo interno por parte de los clientes
Es cierto que algunas empresas ya están empezando a desarrollar soluciones internas apoyándose en IA. Construir una herramienta puede ser relativamente sencillo, pero mantenerla y operarla en el tiempo es otra historia. Mi apuesta es que muchas seguirán utilizando soluciones SaaS especializadas porque seguirá siendo más eficiente.
5. La visión más extrema
La idea de que los agentes puedan sustituir gran parte del software tradicional es posible, aunque difícilmente inmediata. Esos agentes tendrán que ser diseñados y gestionados por alguien. Los actuales proveedores parten con ventaja gracias a su base de clientes, datos e integración real en los procesos.
Lo que estamos viendo en el mercado privado 👀
En los procesos en los que estamos trabajando desde Bondo Advisors no estamos viendo, en términos generales, una presión clara sobre precios comparables a la que se ha producido en el mercado cotizado.
Lo que sí estamos viendo es algo distinto .Compradores e inversores están haciendo muchas más preguntas.
Preguntas que hace nada jamás nos hacían. El foco ya no está únicamente en crecimiento, márgenes o recurrencia, sino en algo más fundamental, que es hasta qué punto la solución seguirá siendo relevante en un entorno donde la IA pasa a formar parte central de la operativa de las empresas.
Esto hace que los compradores sean bastante más selectivos respecto a las oportunidades que deciden analizar en profundidad. No todo el SaaS se percibe igual. Algunas compañías generan mucho interés, mientras que otras encuentran un nivel de escrutinio claramente mayor desde el primer contacto.
En paralelo, también estoy viendo otra reacción bastante habitual por parte de muchos equipos fundadores.
Ante este nuevo contexto, muchos empresarios asumen que incorporar alguna funcionalidad basada en IA convierte automáticamente su producto en más atractivo para inversores o compradores. Como si añadir una capa de IA resolviera de forma inmediata cualquier duda sobre la evolución futura del negocio.
Desde mi punto de vista, ese no es realmente el problema. Integrar IA se está convirtiendo rápidamente en algo accesible para todos. Los mismos modelos están disponibles para prácticamente cualquier empresa. Añadir funcionalidades basadas en IA, por sí solo, no crea una ventaja competitiva duradera ni cambia necesariamente la posición estratégica de una compañía, y los compradores lo saben.
El dilema estratégico
La cuestión relevante no es si una empresa utiliza IA, sino qué cambia realmente en su posición dentro del cliente gracias a ella.
Al analizar hoy una compañía SaaS, cada vez pesa más entender cuestiones bastante concretas.
¿El software controla workflows críticos dentro del cliente?
¿Trabaja sobre datos propios acumulados durante años?
¿Mejora a medida que aumenta su uso?
¿Puede convertirse en el entorno donde operen los agentes de IA?
Porque la oportunidad que introduce la IA para muchas compañías SaaS puede ser precisamente la contraria a la que algunos anticipan.
Los agentes no operan en el vacío. Necesitan sistemas de referencia, datos estructurados y plataformas sobre las que ejecutar acciones. En la mayoría de las empresas, esas plataformas ya existen y suelen ser soluciones SaaS integradas en la operativa diaria.
En ese sentido, el papel del software empieza a evolucionar. Durante años el software ayudaba a las personas a trabajar. Cada vez más, el software pasa a ejecutar directamente parte del trabajo.Muchas soluciones están dejando de ser simples herramientas para convertirse en plataformas operativas, y esas plataformas pueden acabar actuando como la infraestructura sobre la que trabajan los agentes.
Todo esto introduce un reto importante para muchos empresarios del sector.
Un cambio que va más allá del SaaS
He centrado este artículo en el SaaS porque es, probablemente, uno de los debates más presentes ahora mismo en los medios de comunicación. Pero, en realidad, lo que estamos viendo no es algo exclusivo del software.
Lo mismo empieza a ocurrir en muchas otras industrias. Hace un par de semanas era el impacto de la IA en legaltech tras los avances anunciados por Anthropic. Mañana será el turno de compañías de consultoría, agencias de marketing o industrias tradicionales donde la automatización y la robótica empiezan a cambiar cómo se trabaja y dónde se genera el valor.
El patrón es parecido. La IA cambia las reglas y obliga a replantear el futuro del negocio. La cuestión de fondo no es si un sector va a desaparecer, sino cómo las compañías que ya están dentro pueden aprovechar su conocimiento, su base de clientes, sus datos y su posición para seguir siendo relevantes en la siguiente etapa.
En algunos casos tendrá sentido invertir y evolucionar el negocio desde dentro. En otros, puede ser razonable plantearse si ha llegado el momento de vender y dejar que esa siguiente fase la lidere otro actor con más escala o recursos.
Lo que parece cada vez más claro es que esperar sin tomar una decisión rara vez es una buena estrategia. En estos momentos de grandes cambios, no elegir camino suele ser el mayor riesgo.


