Venture Capital vs. Bootstrapping
Qué implica realmente aceptar dinero de un VC y cuándo crecer sin rondas puede ser mejor decisión
Muchos emprendedores del mundo tecnológico y digital dan por hecho que el recorrido natural de una startup consiste en encadenar rondas de financiación. El pre-seed lleva al seed, después llega la Serie A, más tarde la Serie B, y cada hito se celebra 🥳con un post en Linkedin y unas botellas de champagne .🍾
Sin embargo, pocas veces se reflexiona con calma sobre lo que realmente implica permitir la entrada de venture capital en el accionariado de una empresa, y también en la vida de su fundador. Tampoco se analiza con suficiente profundidad si existen caminos alternativos para crecer sin recurrir a ese tipo de financiación.
Desde luego, y hablando desde mi experiencia como asesor de M&A, si puedo elegir suelo preferir vender una compañía bootstrapped antes que una con capital riesgo. No porque necesariamente sea una mejor empresa, sino porque la complejidad es mucho mayor cuando hay más accionistas, derechos preferentes, distintas valoraciones conviviendo y, en general, más intereses que coordinar en el proceso de venta.
Existen modelos de negocio que difícilmente pueden desarrollarse sin inversión externa durante años. En esos casos, el capital riesgo puede ser la solución.
Aun así, muchas empresas que levantan rondas no lo hacen por una necesidad real del modelo, sino porque perciben esa vía como la más accesible o la más habitual dentro del ecosistema. Con el tiempo, esa percepción no siempre se confirma.
El dinero del VC tiene implicaciones profundas
Los fondos de venture capital construyen sus carteras sabiendo que un porcentaje alto de sus inversiones no funcionarán. Su rentabilidad depende de que unas pocas compañías generen resultados extraordinarios que compensen el conjunto. Esa lógica termina influyendo en la forma en que las empresas participadas toman decisiones.
El crecimiento acelerado, el consumo intensivo de caja y la asunción de riesgos elevados pasan a ocupar el centro de la estrategia. Cuando una compañía se convierte en uno de los grandes éxitos del portfolio, el resultado económico puede ser muy relevante incluso con un porcentaje reducido del capital. Cuando el crecimiento se queda por debajo de lo esperado, el apoyo financiero suele debilitarse, ya que los fondos priorizan oportunidades con mayor potencial de retorno.
Nada de esto convierte al venture capital en algo bueno o malo por sí mismo, pero sí exige entender bien sus reglas antes de aceptarlo. Entrar en esa dinámica implica adaptarse al ritmo y a los objetivos del inversor.
Cómo influye el VC en un proceso de venta
Las diferencias entre una empresa respaldada por venture capital y una empresa bootstrapped se vuelven especialmente visibles cuando llega el momento de vender.
▪️La estructura accionarial en compañías con VC suele incluir múltiples inversores, planes de stock options y mecanismos de decisión más complejos. Las empresas autofinanciadas acostumbran a tener pocos socios y decisiones más ágiles.
▪️Los inversores financieros no siempre tienen suficiente visibilidad operativa y pueden mostrarse prudentes al asumir garantías en la venta. Los fundadores, que conocen el negocio en profundidad, tienden a implicarse más directamente.
▪️En materia de valoración pueden coexistir referencias distintas dentro de una misma empresa con VC, según el tipo de inversor y sus expectativas. En modelos autofinanciados predomina una lógica financiera más homogénea basada en flujos de caja.
▪️Las preferencias de liquidación pueden alterar de forma significativa el reparto del precio de venta. En estructuras sin venture capital, lo habitual es un reparto proporcional entre accionistas.
▪️El número de interlocutores también influye en la duración del proceso. Más partes implicadas suele significar más tiempo de negociación, mientras que las empresas bootstrapped acostumbran a avanzar con mayor rapidez.
▪️Los objetivos tampoco son idénticos. Los fondos buscan maximizar el retorno en un plazo definido, mientras que los fundadores suelen equilibrar precio, continuidad del proyecto y encaje estratégico con el comprador.
▪️Derechos de veto, mecanismos de arrastre y otras cláusulas pueden condicionar la decisión de vender cuando existe venture capital. En estructuras simples, la decisión depende casi solo de los propietarios.
▪️Después de la venta, los fondos suelen favorecer una salida completa del capital, mientras que los fundadores pueden aceptar esquemas de continuidad más flexibles. Además, el propio horizonte temporal del VC introduce una presión para vender en cinco a ocho años, algo que no existe en empresas bootstrapped.
Riesgos menos visibles al aceptar venture capital
Algunas dinámicas solo se hacen evidentes con el tiempo.
▪️El impulso hacia el crecimiento rápido puede llevar a niveles de gasto difíciles de sostener si la escala tarda en llegar.
▪️Las preferencias de liquidación (liquidation preferences) permiten a los inversores recuperar su inversión antes que otros accionistas en una venta.
▪️Cada ronda adicional reduce el porcentaje del fundador y su capacidad de decisión.
▪️Más inversores implican más opiniones y más complejidad en decisiones estratégicas o procesos de salida. La presencia en el consejo suele venir acompañada de derechos de veto que limitan la autonomía.
▪️La presión por crecer puede imponerse sobre la rentabilidad incluso cuando el modelo no está preparado. El calendario del fondo puede empujar a vender en un momento no deseado.
▪️Aceptar una ronda suele aumentar la probabilidad de necesitar la siguiente, creando un ciclo continuo de financiación.
▪️En situaciones de desacuerdo estratégico, el fundador puede perder el control operativo (he visto más de un fundador acabar “en la calle”)
▪️Incluso manteniendo su posición de CEO, la capacidad real de decisión puede desplazarse hacia los inversores.
Cuándo encaja el VC y cuándo puede no ser necesario
El venture capital tiene sentido en negocios que requieren grandes inversiones iniciales, largos periodos sin ingresos relevantes y mercados capaces de sostener crecimientos muy altos. En esos casos, la financiación externa sin duda es la mejor elección (y a veces la única opción)
En otros escenarios, la autofinanciación (ir bootstrapped) ofrece unas claras ventajas como mayor control, menos complejidad en una venta, libertad en los tiempos y una relación más directa entre riesgo y recompensa.
La decisión debería basarse más en la economía real del negocio y en los objetivos personales del fundador que en las modas del ecosistema.
Porque entrar en la rueda de las rondas de financiaión cambia muchas cosas, y salir de ella rara vez depende solo de quien empezó el camino.



